Perfección

|
-Dime, ¿Cómo puedes vivir así? Estoy completamente seguro de que si te hacemos una radiografía, lo único que encontraríamos dentro tuyo serían toneladas de nicotina – Sus ojos examinaban a la chica, de igual manera que un scanner. Quizás no hablaba tan metafóricamente al mencionar la radiografía.

-Es que tú no lo entiendes. Nadie que sea perfecto lo entiende.

Ambos estaban tan cerca que se podrían haber besado apasionadamente, terminando con toda la reprimenda. Como en la fantasía, era obvio que se amaban. Pero hay mejores formas de expresar el amor que tan solo un beso, y ambos lo sabía perfectamente.

-Todo empezó de manera inocente…

-Lo sé, por eso te acompañé en esto. Decías que quería ser más bonita, y que empezarías a cuidarte. Me convenciste de tal manera que incluso yo te reprendía cuando comías comida chatarra. Yo, que siempre te consideré tan delgada como un palo.

-Pero tú sabías que no quería eso en realidad. Tú sabías por todo lo que había pasado.

-Mentira – la interrumpió – Siempre me mantuve en el parámetro de “amigos”. ¿Cómo diantres iba a saber lo de tu familia?

-Yo te lo dije… y no escuchaste. Fue cuando me dejaron de escuchar que… aparecieron – Una lágrima comenzó a escapar de su ojo derecho. Quizás aquella pequeña gota de agua era lo único libre en todo el lugar. Una esclava de sus propios demonios, y un esclavo de una esclava. Ambos amarrados por cadenas que no podían ( o no querían) admitir.

-¿Quiénes?

-Los que me dicen cosas. Los únicos que me dicen la verdad. Ellos me decían que había subido de peso, que me veía mal. Cuando veía alguna prenda que me gustaba, me alentaban. “Eso es un premio para tres kilos más, ¿vale?”, me decían. Nos hicimos amigos rápidamente…

-¿Fue entonces cuando me decidiste dejar de hablarnos a mí y a los demás?

-Fue entonces cuando me dijeron el “por qué” de mi sufrimiento. Estaba siendo castigada, de la forma más cruel que hay: La infelicidad. Todos eran mis verdugos. Mi familia, mis amigos, incluso lo que no estaba vivo. Todo me estaba haciendo pagar por mi horrible crimen – comenzó a sobar su muñeca derecha –a incluso yo misma.

El se quedó mirándola, esperando que continuase. Silencio. ¿Por qué no terminan con esto y simplemente lo olvidan? Cierto. Se aman. ¿No es gracioso como el amor siempre parece hacer todas las cosas más lindas, cuando en verdad lo único que logra es dificultarlo todo

-Ninguno de nosotros trataba de castigarte.

-Si, lo hacían.

-Mentira. Te queremos. Nunca te haríamos daño.

-¡SI!, ¡LO HACÍAN!. ¡EN LO MÁS PROFUNDO DE SU ALMA ME ODIABA PROFUNDAMENTE! ¡TODO PORQUE NO SOY PERFECTA COMO US…!

No pudo continuar hablando. Había comenzado a llorar histéricamente, y el la había golpeado.
Odiándola al igual que como la chica lo había descrito, la abofeteó con todas sus fuerzas para calmarla.
-No hay nadie perfecto, Isabel…

La chica no respondió. Seguía pasmada por el golpe. Anonadada, ensimismada. Si hubo un momento en el que de verdad hubiese querido asesinar a uno de sus verdugos, era aquél. Sombría, lo miró a los ojos.

-La gente es perfecta, a medida que sus jueces lo decidan. Mientras más jueces hayan presentes en la corte de tu vida, más difícil será satisfacerlos a todos a la vez. Lo malo es que si tienes una imperfección tan notoria como yo, habrían muchos más que te juzgasen. Soy una vaca gorda, que no puede para de comer, y gracias a ellos me di cuenta del error que estaba cometiendo. Si soy flaca, soy perfecta. Si soy más flaca, soy más perfecta. Si desaparezco de lo flaca que soy, tengo la perfección plena.

-¿Así que eso quieres?, ¿desaparecer? – ahora era él el que lloraba. - ¿morir? No te voy a dejar. Sola. Te amo. Te amo, ¿me oíste? Te amo desde el maldito momento en el que te vi, hace más de diez años. Isabel, no quiero que no existas.

La chica, perpleja, continuaba mirándolo fijamente a los ojos.

Aquel era el momento que había estado esperando toda su… vida. Obviamente amaba al chico con desesperación. Lo amó toda su existencia. Pero ella ya no estaba. Isabel se había ido hacía mucho tiempo.

-E… es muy tarde Gaspar –Más lágrimas. Si siguen llorando como un par de magdalenas van a provocar una inundación. – Yo también te amo, pero ya no existo. Morí cuando los conocí, cuando comencé a enterarme de lo imperfecta que era. Yo no estoy viva Gaspar, ¿entiendes?, yo no… - Y no pudo continuar. El muchacho había posado sus labios por sobre los de ella, tratando de abrir su boca con su lengua. ¿Cómo era que se llamaba?, Muy tarde. Ya acabó.

-Isabel, tu no estás muerta. Tu estás aquí. Conmigo.

Por primera vez se dieron cuenta del paisaje que los rodeaba. Un rojo atardecer coronaba la escena. Se encontraban junto a un rio, por sobre el que pasaba un puente para los autos. Las cristalinas aguas reflejaban el decadente sol, y la luna en toda su ascensión.

-Soy… tan solo un recuerdo.- se volteó. –Lo sabrás cuando mueras.- Lentamente, comenzó a marchar. Recién iba caminando cuando Gaspar se le adelantó.

-Si es la única manera de estar contigo, moriré. –De su bolsillo sacó una navaja, de esas que usan los boys scout y la abrió con una hábil maniobra. La hoja metálica parecía saludar a un viejo amigo.
Para la sorpresa de Isabel, el chico clavó la navaja en su brazo. Sus labios denuevo estaban juntos. ¿Cuál es el objeto de eso?

-Ven, vámonos de aquí. – Musitó Isabel –Te enseñaré a no vivir.

Juntos, abrazados los tres (la navaja en la muñeca de Gaspar no puede quedar afuera. Sería desconsiderado de un narrador como yo) comenzaron a moverse en dirección al río.

-Regla uno – sus labios se separaron y susurró en su oído – no debes respirar.

Juntó sus labios denuevo y los lanzó al agua. Para cuando Gaspar ya se había ahogado, los recuerdos de ambos se seguía, ahora recuerdo la palabra, besando.

Botellón de recuerdos

|
La habitación era sencilla. Una cama de una 1 plaza, junto a ella un velador. Dentro del armario pintado de blanco nieve había una radio con mp3. Aunque por más que en la pieza hubiese un chico adolescente promedio, ahí no había nadie. Tan solo lágrimas.
Violentamente, tomó el control remoto de su cómoda y presionó el botón play. A todo volumen, una canción metalcore de una banda nacional comenzó a sonar.

Y no es que tan solo te ame
Si me lo pides moriría por ti
Cadenas de silencio se acercan de la nada
Ahorcándome, derramando otra gota de vitalidad.


El chico está tumbado, ahogándose en su llanto. Sobre su cabeza, una imagen del Sagrado Corazón lo mira con soslayo. El cuadro destaca sobre todos aquellos posters con imágenes gore, logotipos de bandas metal y uno que otro altar a Kurt Cobain. Los recuerdos de esa noche azotan repetidamente su cabeza.

Y sigo cayendo en este precipicio sin fin
Amordazado, sin poder gritar que te amo
La ponzoña de la soledad me corroe
Y solo me puedo preguntar
¿por qué no existe tal cosa como el destino?

En la cómoda yace, olvidada, una pequeña botella de vidrio. El chico la mira con añoro, como si aquel pequeño recipiente fuese su última esperanza de recuperar su olvidada felicidad. Con algo parecido a una sonrisa, toma el envase y juguetea con el entre sus dedos. La música sigue sonando a toda potencia. Desea estar cerca de uno de los parlantes para reventar sus oídos. De su bolsillo saca un cigarro y lo prende. Sin aspirar, bota el humo en la botella.


¿Qué es lo que quieres finalmente de mi?
¿tan solo sexo?, ¿librarte de una libido impura?
Porque tus labios no pueden pronunciar la palabra amor
Para ti no es más que un mortal veneno

Con su inentendible caligrafía, escribe algo en un papel y le prende fuego. La botella parece llamar al ardiente papiro, y se muestra contenta cuando lo tiene en sus entrañas. Lanza el cigarrillo encendido dentro de la botella. Un mundo de humo de distintos colores va tomando forma. Acerca lentamente sus labios a la boquilla y aspira. La canción termina.

El efecto tarda. Poco a poco a su cuerpo van llegando los recuerdos de aquel último encuentro. Siente como si las manos de su amada recorrieran su cuerpo. Lentamente, milímetro a milímetro. Unos labios extraños se posan sobre los suyos, y el baile comienza. La saliva de nada se mezcla con la saliva de todo, y en seguida se vuelven uno. Como si no se tratase de un mero fantasma, comienza a recorrer todo aquel majestuoso cuerpo con su lengua. Ella se levanta, para recostarse nuevamente sobre su despachado amante y comienzan a amarse. El se siente completo al estar junto a ella de nuevo, por más que sepa que tan solo es un mero recuerdo.

Pero el silencio acaba. El estéreo vuelve a funcionar y ella se desvanece en una misteriosa brisa.

Y te vas, dejándome en este ataúd de cristal
¿Cuánto tiempo más he de esperar?
Deja de lastimar este mancillado corazón
Por favor… no vuelvas más


Se sabe solo otra vez. Las ganas de pegarse un tiro vuelven a corromper su mente. Desea acabar con esa agonía y destruir de una vez todas esas malditas imágenes. Pero sabe que debe estar sereno. Conoce ese sentimiento mejor que nadie. Cada vez que aspira ese maldito humo se ha sentido así. Se levanta para ir al baño a mojarse la cara. En la puerta, mira con añoranza al velador.
Sonríe.

La botella aún está ahí. Humeando.

Podría volver a usarla cuantas veces quisiera.

Límite

|
El Límite. La última vez que estuve aquí fue por una sustancia no del todo lícita. Me corrijo. Para nada lícita. Comencé este diario “limitista” para decir la verdad, no para estar encubriéndome con más mentiras, como la que me trajo aquí. Fue heroína. Ya escribí sobre eso en una página anterior, y prefiero simplemente no llamar a esos fantasmas del pasado que me siguen atormentando. En aquel momento fue cuando decidí no volver a este punto mental, a este maldito estilo de vida por el que casi muero. Pero no voy a eso. Ya hace mucho tiempo que rompí todas mis relaciones con El Límite. Pero ahora estoy aquí de nuevo, sudando frío de miedo. Cuando decidí empezar aquí me dijeron: “Es imposible salir. Es como entrar a una jaula llena de drogas, con la condición de que una vez cerrada la puerta, debes tragarte la llave…” Aparte de quedar atrapado entre toda esa mierda, te vuelves loco cuando se te acaba la droga. Los sentimientos como la ansiedad corroen tu mente hasta quebrarla, como a una frágil copa de cristal.

Tal vez hay secretos que deban permanecer en secreto, dicen. Fui tan ingenuo en pensar que solo iba a entrar al Límite por medio de alucinógenos, pero estaba equivocado. Tan equivocado como un pendejo de quince años que todavía cree en el Hada de los Dientes. Esta vez fueron los secretos lo que me trajeron aquí. La posibilidad de que mi más grande secreto sea revelado, y peor aún, a la única persona que no puede saber del tema y que sigue viva. Y yo el maldito imbécil que quería esperar a que e muriera. Ahora resuena en mi cabeza el huaso “Mas fácil es pillar a un mentiroso que a un ladrón”. Pero yo no he sido ningún mentiroso. Simplemente he tenido un poco de precaución en esconder mis secretos. Hay gente que no puede saber de ello, y punto.

Ya no sé que hacer. El Límite me está consumiendo. Hacía ya tiempo que no sentía tanta adrenalina corriendo por mi cuerpo. Y lo peor es que me estoy adelantando a los hechos. Hay una oportunidad de que esa persona no sepa nada del tema.
¿Quién sabe si no llegué a este punto tan solo por ideas mías? El Límite es engañoso, y busca gente para absorber. Siempre codicioso y seductor, no te deja salir de aquel maldito estado de extrema violencia mental en la que lo único que deseas es pegarte un tiro y acabar con todo.

Me llaman y tengo que dejar esto. Quizás me vaya a festejar con un grupo de amigos para revivir mis experiencias aquí. ¿Quién sabe? Quizás jale algunas líneas, total, ya estoy en El Límite…

¿Acaso crees en la magia?

|
Y se besaron.

Como muchas veces antes, se besaron apasionadamente, ignorando todo lo que estuviese presente en aquel momento.

Pero ella se sentía distinta. Pensaba que aquella podría haber sido la noche en la que le pudiese contar su secreto. Ese momento de su vida que muchas veces quiso borrar completamente de su existencia.

“¿Qué ocurre?”

“No lo sé”

“Yo sé que lo sabes. Estás distinta hoy”

“Si… puede ser; Hace un tiempo que quiero contarte algo” – Por la cabeza de Él pasaron terribles pensamientos. Infidelidad; embarazo; ETS. Miedos que muchas veces habían aflorado en su mente, pero que por miedo al rechazo de su amada nunca salieron de sus labios.

“¿Qué es?”

“Me da miedo”

“Por favor… yo nunca te voy a dejar sola. Hayas hecho lo que hayas hecho. Seas quien seas. Te amo y eso es lo único que importa.”

El trató de besarla otra vez, sin éxito. Era horrible para ambos. Hubiera dado cualquier cosa por saber que pensaba . Se le vinieron a la mente pasajes de la película “Twilight”, y por primera vez supo cómo se sentía el vampiro.

“Dime, ¿tú crees en la magia?”

“¿A qué viene eso?”

“Solo dime”

“No sé. Una vez alguien trató de embrujarme, creo que te conté esa historia. La pasé terrible, y me juré a mi mismo nunca más estar con alguien que hiciera esas estupideces”

“Si, lo sabía…”

“¿Me vas a decir qué ocurre?”

“Lo hice”

“¿Ah?”

“Yo… traté de hacerlo… y… creo que tuve éxito”

Las imágenes de aquella noche corrían por su cabeza como una película. El sofá de tapiz beige en el que estaban sentadas ella y sus dos mejores amigas. La euforia silente provocada por los pitos de marihuana recién fumados, y el constante intento de callar a los demás: Todos menos esas tres almas perdidas dormían aquella noche.

-¿Alguna de ustedes cree en la magia?, yo igual soy como medio bruja para mis cosas, y me han funcionado…

-¿En serio?, yo nunca lo he pensado. Se podría decir que conozco gente que conoce gente que se ha metido en ese tipo de cosas, pero nunca un caso cercano; ¿Algún hechizo para alegrar la vida?
Reían.

-En realidad, ahora que lo pienso, tengo uno para atraer a la persona que quieres y atarla a ti. –Una sonrisa maliciosa se deslizó por sus labios. –Después de todo, no van a creer que he estado con Joaquín este tiempo por nada, ¿o sí?

-¡Mentira!

-Miren, tienen que anotar el nombre de la persona al revés en un cigarro, y fumarlo mientras le insultan a más no poder. Obviamente, tienen que decirle cosas como “vas a estar conmigo hijo de perra”.

Todas tomaron un cigarro y comenzaron a escribirlo. Ante cada insulto que pasaba, por lo menos un intento de risa ocurría…

En realidad, el único nombre que las tres conocían de aquel embrujo fue “Miguel Carrasco Y.”, el mismo hombre que Adelaida estaba evitando besar.

“Tú, entre todas las mujeres, entre todas las personas de este mundo, tenías que ser tan patética como para hacer una estupidez así. No tengo palabras para describir cuanta desconfianza siento ahora. No sé si es en mi mismo. Si alguna fuerza cósmica me hizo amarte todos estos años, o si en realidad fuiste tú quien me enamoró. Es divertido. Quizás no necesitabas más que un empuje de confianza como ese asqueroso cigarrillo, pero de cualquier manera, lo hiciste. Yo nunca rompo una promesa, y tú me dijiste que eso era lo que más te gustaba de mi. Sufre por ese amor Adelaida, porque yo no voy a romper una promesa conmigo mismo.”

Miguel se había ido con tan solo esa carta como despedida. La noche anterior, mientras ella le contaba la historia, el no había dicho nada, yéndose a dormir con un brillo de rabia en los ojos.

Abrió su cajón y comenzó a fumar un cigarrillo, no sin antes escribir un nombre en el…

No Llores (feliz 14 de febrero)

|
Santiago, 14 de Febrero del 2010

Estimada persona de la cual Yo no sé nada:

¿Te acuerdas de que el año pasado lloraste en este día? Gemías, susurrando una antigua canción de amor que dice algo así como “…Por qué no una noche más, un último beso y adiós, mi dulce amor…” , sin poder terminar nunca de cantarla. Ahora escucho esta sonata, solo para pedirte que no llores este año. Sé que, al igual que el pasado, hace poco perdiste a con quién podrías celebrar tan hermoso día, pero esta vez definitivamente no quiero que llores.

Déjame decirte que los malos romances pasan, pasan y se olvidan. No son más que una pequeña mancha en aquella hermosa novela de amor que es tu vida. Por lo poco y nada que te conozco, sé que ahora estarás pensando “Más que novela de amor es una de terror”, pero te aseguro que te equivocas. Hasta en el libro más frívolo, siempre hay una pequeña gota de pasión, lujuria y obsesión. Dime, ¿qué sería la vida sin algo de eso?, yo pienso que sería un Libro de Biología; un largo y aburrido libro de biología. Nos remitiríamos tan solo a los órganos con los que contamos, la composición de nuestras células, interacciones de sistemas y todas esas cosas que no a mucha gente le gusta estudiar. Cuando me respondas, dime qué piensas de eso; porque si bien sé que no te conozco para nada, sé que detestas la biología más que a nada en el mundo.

Debo reiterarte mi petición: no llores este año, por favor. Es más, no creo que tengas necesidad de llorar. Yo sé que hay una persona que se muere por ti. Le gusta todo lo tuyo: tus ojos, tu personalidad, tu manera de escribir, tu cuerpo. Incluso le gustas cuando le maltratas; cuando le golpeas sin cesar hasta que su cuerpo ya no puede sangrar más. Quizás te preguntes quién es, o mejor, como es que yo sé todo esto de esa persona. Todo tiene que ver con una bicicleta, aunque parezca gracioso. ¿Alguna vez te has puesto a pensar cómo funcionan los sentimientos? El mismo día en que me di cuenta de todo lo que te escribí arriba, fue cuando entendí que mi mente había entrado en una vorágine, similar a una rueda de bicicleta, pero en espiral. Ese pensamiento rodeó mi cabeza durante días, meses, o quizás años. Llevo tanto tiempo luchando con esto que ya ni me acuerdo de cuánto. El cartearme contigo me ha ayudado mucho; Es como escribir en un diario de vida que te responda, algo así como el diario de Riddle en Harry Potter. Este tiempo contigo me ha servido demasiado, y debo agradecerte por eso.

Pero me he desviado del tema, como lo hago siempre. Esa persona tan solo espera un “sí” de tus labios. Quiere que le mires con tus ojos , y que lentamente te acerques para besarle. Quiere que en ese momento, en ese sagrado momento en el que sus labios entren en contacto, todo lo exterior se funda y ambos se transformen en uno. Quiere que el tiempo se detenga y que nada más importe. Todo esto se puede lograr con un “si”. Acuérdate que decir esa sagrada palabra no cuesta nada, menos a ti que eres un experto en mentir. Por favor, haz realidad el sueño de esa persona, así que no llores. Esa persona no quiere verte llorar.

Atte.:

Tú mismo.

PD: Creo que ya lo sabes, pero esa persona soy yo.

Gafas oscuras

|
“Algunas veces… cuando ves directamente a los ojos a alguien… el más mínimo gesto… la más mínima expresión… puede revelarte los más profundos secretos de la vida de esa persona…”

-¡AGH!

El látigo lo golpeó fuertemente en la espalda. Detrás de él, su maestro enroscaba el objeto en su mano.

“Tienes una gran responsabilidad frente a tus ojos. El dolor que sientes ahora no es nada comparado con el dolor que vas a sentir en el futuro. Bien serás humano, pero el soportar la agonía de los otros está en tu sangre. A ti solo te queda apretar los dientes con dignidad.”

Otro golpe. Esta vez presionó los labios hasta que se volvieron blancos, pero no gritó. Esta vez, esta primera vez, contuvo con todas sus energías aquel fuego que lo quemó por dentro al momento del golpe.

-Bien- El maestro sonrió. – Lo estás dominando.

En una hábil maniobra, el maestro tiró a su discípulo de la cadena que tenía atada al cuello, acercándolo a su cara.

-Es parte de nuestro ser. Naciste con aquellos ojos puros por algo.

Lo abofeteó. La sensación de la mano quemando su mejilla no era tan insoportable como el látigo, pero si más humillante. Que la persona que más amas en el mundo te atormente de esa manera… Enderezó su rostro y lo miró a los ojos. Un par de gafas hacían salir a relucir todo el misterio encerrado en esa cara. Por algún enfermizo motivo, quiso besarlo. Contempló aquellos vidrios polarizados de color negro, y los vio. Aquella imagen, dos ojos color café intenso lo aterró. Quiso alejarse, pero aquel grillete en su cuello lo impidió. Trató de gritar, pero el quejido fue ahogado por sus reflejos, en el medio de su garganta.

-Los viste, ¿cierto?

No hubo respuesta. El chico estaba aterrado.

-Ahora sabes bien lo que se siente. Los ojos son la fuente de pureza de la vida, ellos te muestran cada detalle de la persona que estás observando. Viste mis ojos, por más que estuviesen cubiertos por mis gafas. Sentiste mi dolor por más que estuviese cubierto por mis gafas. Sentiste mis penas, por más que estuviesen cubiertas por mis gafas. Soy débil.

El joven quiso correr. Se vio en un parpadeo libre de su atadura al cuello. Al pronunciar aquella palabra, su maestro se paralizó. Levantó su mano y comenzó a abofetearse una y otra y otra y otra vez.

Lentamente, sus mejillas empezaron a sangrar por los reiterados golpes.

-¡Soy débil!, ¡por más que haya nacido dentro de esta asquerosa familia, soy débil!

-Yo… -El joven tan solo rompió a correr. Salió de la habitación tan rápido como pudo y escapó.

Al día siguiente, entró en una tienda de ropa, sin ningún tipo de dinero.

Una polera y un saco. Un par de gafas oscuras. Los guardias recién llegaban cuando el chico, semidesnudo, ya cargaba con toda la mercancía su auto. Se vistió tranquilamente y tomó el subterráneo.

Dentro, comenzó a mirar fijamente a quien pasaba frente a él. Nadie respondía la mirada, pues sus gafas cubrían completamente sus ojos en una negrura inexpugnable.

Se fijó especialmente en una mujer de mediana edad.

"Aún no puedo recordar aquel nombre. ¿Me odia? ¿Me ama?, en verdad, ya no sé ni que sentir. Me atormenta el hecho de que ni siquiera hemos hablado, y ya me lanzaría a un carro en movimiento, tan solo por que el me lo pediría. Soy una maldita enferma, que no puede controlar sus sentimientos. ¿Amor? Esa estupidez no existe. Tan solo una obsesión gigantezca, con un ligero toque de locura. Lo único que quiero en este momento es cerrar los ojos y soñar con él... No. Eres una ímbecil que no merece ni siquiera soñar. Lo mejor que podrías hacer para este mundo es morir. Vuélate la tapa de los sesos con una pistola; Lánzate a un puente; Cuélgate de un cinturón, de ese mismo que usaba tu marido todos los días hasta que llegó el cancer. Haz algo y pronto, porque tu maldita existencia no vale nada..."

Ya no necesitaba sentir nada más. No sabía si había leido textualmente la mente de la mujer, pero la preocupación en esos ojos le comunicaba aquel mensaje. Ya no necesitaba más.Se sentía mal en demasía. Quería bajar del metro, pero un impulso lo hacía quedarse con la mujer y evitar que hiciese cualquier estupidez. Su estomago, por el contrario, no se preocupaba un carajo por la mujer. A la siguiente estación, como por un acto reflejo, salto fuera del vagón. Comenzó a expulsar lo poco y nada que había comido en los últimos días. No había nadie en el andén que lo observase.

“Algunas veces… cuando ves directamente a los ojos a alguien… el más mínimo gesto… la más mínima expresión… puede revelarte los más profundos secretos de la vida de esa persona…” – Las palabras del hombre que la noche anterior lo atormentaba resonaban en su cabeza.

Tienes razón - Pensó.

"Es mejor que vuelvas a casa, ¿no?. Aún no estás preparado para esto" - La voz seguía retumbando en su mente, casi tan fuertes como el objeto con el que era despiadadamente golpeado.

No

Lentamente, comenzó a levantar la cabeza, cada vez con una mayor sensación de mejora. Frente suyo, se encontraba un hombre, con una sonrisa en los labios, ofreciéndole ayuda.

La serie de pensamientos fué muy fuerte para el. En medio de un grito, se lanzó al andén. El hombre nunca supo qué llegó primero, si el chorro de sangre, o el miedo.

Scarlett

|
-Hermosa… -Una sonrisa se delineó en los labios de Carmen, mientras sus dedos acariciaban la espectacular figura.

Sus ojos café claro recorrieron el hermoso rostro. Unos ojos azul claro le devolvieron la mirada. Una mirada llena de comprensión, amor, lujuria… deseo. Aquellos ojos que le decían “Yo estoy aquí, yo existo tan solo para ti…” Comenzó a interrogarla en su cabeza, sin esperar, claro, que ella respondiese.

“Eres preciosa, ¿lo sabías? Eres única. Tu cuerpo, parece que hubiese sido diseñado a mano. Se supone que demoró nueve meses en ser tan hermosa. ¿Quién sabe en realidad cuanto tiempo tardó? Si creyese en Dios, diría que, apenas terminó el séptimo día de creación, comenzó la planificación de ti. Entonces serían setecientos treinta y tres mil seiscientos cuarenta y tres días de riguroso trabajo. Me parece justo. Una obra de arte como tú no se hace en tan solo un periodo de embarazo. Veo tu cara y me dan ganas de besarte apasionadamente. Consumar todo lo que te amo en tan solo unos minutos. Sería la primera vez para mi. Como dice la canción, “tuve sexo mil veces pero nunca hice el amor…”. ¿O quizás eres tan solo un deseo de mi líbido?, una misteriosa fuerza llamada pasión que me acerca poco a poco a tus ojos. No. Es amor. Es definitivamente amor. Te amo Scarlett. Eres lo único que importa ahora en mi vida…

-¡Carmen!, necesito que me ayudes con esto – gritó una voz proveniente de lo que parecía ser la cocina.

-¡En un momento!

No quiero irme. No quiero extrañarte. Hogar es donde estás feliz, ¿o no?. Donde tú estés será mi hogar. Esa mujer que me pide ayuda, esa mujer que me pide dejar mi hogar, esa mujer no es parte de aquel lugar. Yo te quiero a ti. Eres lo único que importa en mi vida. Te amo. Pero… debo irme. Este amor está prohibido. Prohibido por aquella mujer que se hace llamar mi madre. Prohibido por aquellas personas que se hacen llamar mi familia. Prohibido por aquel maldito mundo que se hace llamar sociedad

-¡Carmen!, ¡si no vienes en este momento yo voy a ir a buscarte y no va a ser nada bonito! – La alteración en la voz denotaba impaciencia, pero Carmen sabía que la amenaza era honesta. No respondió. No había necesidad.

Acercó sus labios tiernamente y la besó, ignorando la excitación que esto le provocaba en su entrepierna. Quiso seguir declarándole todos sus sentimientos, pero debía dejar aquel mundo para entrar en la realidad.

Lentamente, se levantó, tomando la elegante muñeca disfrazada de arlequín, y la dejó en un estante. Mientras se dirigía a la cocina, no pudo retener una lágrima traviesa que escapó de su ojo.