-Hermosa… -Una sonrisa se delineó en los labios de Carmen, mientras sus dedos acariciaban la espectacular figura.
Sus ojos café claro recorrieron el hermoso rostro. Unos ojos azul claro le devolvieron la mirada. Una mirada llena de comprensión, amor, lujuria… deseo. Aquellos ojos que le decían “Yo estoy aquí, yo existo tan solo para ti…” Comenzó a interrogarla en su cabeza, sin esperar, claro, que ella respondiese.
“Eres preciosa, ¿lo sabías? Eres única. Tu cuerpo, parece que hubiese sido diseñado a mano. Se supone que demoró nueve meses en ser tan hermosa. ¿Quién sabe en realidad cuanto tiempo tardó? Si creyese en Dios, diría que, apenas terminó el séptimo día de creación, comenzó la planificación de ti. Entonces serían setecientos treinta y tres mil seiscientos cuarenta y tres días de riguroso trabajo. Me parece justo. Una obra de arte como tú no se hace en tan solo un periodo de embarazo. Veo tu cara y me dan ganas de besarte apasionadamente. Consumar todo lo que te amo en tan solo unos minutos. Sería la primera vez para mi. Como dice la canción, “tuve sexo mil veces pero nunca hice el amor…”. ¿O quizás eres tan solo un deseo de mi líbido?, una misteriosa fuerza llamada pasión que me acerca poco a poco a tus ojos. No. Es amor. Es definitivamente amor. Te amo Scarlett. Eres lo único que importa ahora en mi vida…
-¡Carmen!, necesito que me ayudes con esto – gritó una voz proveniente de lo que parecía ser la cocina.
-¡En un momento!
No quiero irme. No quiero extrañarte. Hogar es donde estás feliz, ¿o no?. Donde tú estés será mi hogar. Esa mujer que me pide ayuda, esa mujer que me pide dejar mi hogar, esa mujer no es parte de aquel lugar. Yo te quiero a ti. Eres lo único que importa en mi vida. Te amo. Pero… debo irme. Este amor está prohibido. Prohibido por aquella mujer que se hace llamar mi madre. Prohibido por aquellas personas que se hacen llamar mi familia. Prohibido por aquel maldito mundo que se hace llamar sociedad
-¡Carmen!, ¡si no vienes en este momento yo voy a ir a buscarte y no va a ser nada bonito! – La alteración en la voz denotaba impaciencia, pero Carmen sabía que la amenaza era honesta. No respondió. No había necesidad.
Acercó sus labios tiernamente y la besó, ignorando la excitación que esto le provocaba en su entrepierna. Quiso seguir declarándole todos sus sentimientos, pero debía dejar aquel mundo para entrar en la realidad.
Lentamente, se levantó, tomando la elegante muñeca disfrazada de arlequín, y la dejó en un estante. Mientras se dirigía a la cocina, no pudo retener una lágrima traviesa que escapó de su ojo.
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