Ramón y Julia

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Y ahí estaba Él. Sentado en el balcón de la okupa, como cualquier mijito rico fumandose un cigarro. Y ahí estaba ella, en la calle, saliendo de la U. Mina más pituca en ese barrio no se podía encontrar, y sin embargo, ahí estaba. El pelo azul turquesa del chico lo hacía resaltar dondequiera que estuviese. Era como ver una araña de color metamorfoseado flotando entre la multitud.

Y ella era común y corriente. Sus padres del Opus Dei nunca hubieran aceptado una hija de vestimentas raras, que los hicieran romper el Status Quo de la familia Pizarro. Sus padres nunca hubieran aceptado eso, por más que ellos se hubiesen pegado sus marihuaneadas en el parque forestal, bien escondiditos entre los matorrales. Sus padres nunca hubieran aceptado eso, por más que hubiesen concebido a Julia bajo el efecto de aquella mágica plantita, que los llevaba a un éxtasis donde no existían los términos “momio”, “facho”, “pituco”, de los que tanto los culpaban.

-¿Han cachado a esos punky que vive acá cerca?

-Me dijeron que la María se los conoce a todos, al derechito y al revés. Pero amiga, no te metas con ellos, son mala gente. Me dijeron que la casa en la que viven ni siquiera es de ellos, que se la tomaron…

-Bueno, ¿y qué tanto?, si no había nadie viviendo en esa casa…

-A mi me dijeron que mataron a los señores, una parejita de ancianos que siempre invitaban a pasar a los chiquillos de la U que pasaban por ahí. En serio Julia…

Pero la chica ya no escuchaba. Ahí estaba el muchacho denuevo, caminando por la vereda de en frente, con su interminable cigarrillo en la boca, metido en su propio mundo. Julia, por su parte, no podía salir del éxtasis en que la mantenía aquel silencioso insecto azul deslizándose por la multitud.

-¿Saben qué? –Volteó – Le voy a ir a preguntar como se llama.

Rápidamente, había cruzado la calle. Las amigas miraban, atontadas, como una chica común y corriente como Julia se rebajaba a hablar con una lacra social como esa. Secretamente, todas y cada una de ellas, habían mirado el culo del antisocial.

-Hola, me llamo Julia –le extendió la mano- ¿Sabes qué?, no te voy a mentir. Te encuentro súper mino, y te quería preguntar si algún día te querías ir a tomar un café conmigo allá al Starbucks. Por cierto, ¿Cómo te llamas?

-Eh… Ramón. Y por lo del café… gracias, pero no me quiero meter en esas cosas. –El chico inclinó su cabeza, poniendo su pelo en la cara de la muchacha. Ella no pudo resistir la tentación a olerlo. Rosas, pensó. Rosas y manzanilla. Rosas y manzanilla para el hombre más hermoso de esta tierra. Rosas y manzanillas por algo que no puede ocurrir.

El chico ya había emprendido la marcha, dejando a Julia con su inmensa pasión dentro de su corazón, de donde, estaba segura, iba a salir algún día.

-Nunca va a pasar chiquilla. En la antigua Verona te ví, y traté de amarte, pero nunca funcionará. No quiero tener que morir otra vez, ni conseguir alguna droga suficientemente fuerte para que me tengas que olvidar. No funcionará y nunca lo hará. Ya sea yo me llame Romeo o Ramón. Confía en mi Julieta, nunca será.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Hermoso simplemente hermoso <3


PD: soy la sofi xD

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