Botellón de recuerdos

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La habitación era sencilla. Una cama de una 1 plaza, junto a ella un velador. Dentro del armario pintado de blanco nieve había una radio con mp3. Aunque por más que en la pieza hubiese un chico adolescente promedio, ahí no había nadie. Tan solo lágrimas.
Violentamente, tomó el control remoto de su cómoda y presionó el botón play. A todo volumen, una canción metalcore de una banda nacional comenzó a sonar.

Y no es que tan solo te ame
Si me lo pides moriría por ti
Cadenas de silencio se acercan de la nada
Ahorcándome, derramando otra gota de vitalidad.


El chico está tumbado, ahogándose en su llanto. Sobre su cabeza, una imagen del Sagrado Corazón lo mira con soslayo. El cuadro destaca sobre todos aquellos posters con imágenes gore, logotipos de bandas metal y uno que otro altar a Kurt Cobain. Los recuerdos de esa noche azotan repetidamente su cabeza.

Y sigo cayendo en este precipicio sin fin
Amordazado, sin poder gritar que te amo
La ponzoña de la soledad me corroe
Y solo me puedo preguntar
¿por qué no existe tal cosa como el destino?

En la cómoda yace, olvidada, una pequeña botella de vidrio. El chico la mira con añoro, como si aquel pequeño recipiente fuese su última esperanza de recuperar su olvidada felicidad. Con algo parecido a una sonrisa, toma el envase y juguetea con el entre sus dedos. La música sigue sonando a toda potencia. Desea estar cerca de uno de los parlantes para reventar sus oídos. De su bolsillo saca un cigarro y lo prende. Sin aspirar, bota el humo en la botella.


¿Qué es lo que quieres finalmente de mi?
¿tan solo sexo?, ¿librarte de una libido impura?
Porque tus labios no pueden pronunciar la palabra amor
Para ti no es más que un mortal veneno

Con su inentendible caligrafía, escribe algo en un papel y le prende fuego. La botella parece llamar al ardiente papiro, y se muestra contenta cuando lo tiene en sus entrañas. Lanza el cigarrillo encendido dentro de la botella. Un mundo de humo de distintos colores va tomando forma. Acerca lentamente sus labios a la boquilla y aspira. La canción termina.

El efecto tarda. Poco a poco a su cuerpo van llegando los recuerdos de aquel último encuentro. Siente como si las manos de su amada recorrieran su cuerpo. Lentamente, milímetro a milímetro. Unos labios extraños se posan sobre los suyos, y el baile comienza. La saliva de nada se mezcla con la saliva de todo, y en seguida se vuelven uno. Como si no se tratase de un mero fantasma, comienza a recorrer todo aquel majestuoso cuerpo con su lengua. Ella se levanta, para recostarse nuevamente sobre su despachado amante y comienzan a amarse. El se siente completo al estar junto a ella de nuevo, por más que sepa que tan solo es un mero recuerdo.

Pero el silencio acaba. El estéreo vuelve a funcionar y ella se desvanece en una misteriosa brisa.

Y te vas, dejándome en este ataúd de cristal
¿Cuánto tiempo más he de esperar?
Deja de lastimar este mancillado corazón
Por favor… no vuelvas más


Se sabe solo otra vez. Las ganas de pegarse un tiro vuelven a corromper su mente. Desea acabar con esa agonía y destruir de una vez todas esas malditas imágenes. Pero sabe que debe estar sereno. Conoce ese sentimiento mejor que nadie. Cada vez que aspira ese maldito humo se ha sentido así. Se levanta para ir al baño a mojarse la cara. En la puerta, mira con añoranza al velador.
Sonríe.

La botella aún está ahí. Humeando.

Podría volver a usarla cuantas veces quisiera.

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