¿Acaso crees en la magia?

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Y se besaron.

Como muchas veces antes, se besaron apasionadamente, ignorando todo lo que estuviese presente en aquel momento.

Pero ella se sentía distinta. Pensaba que aquella podría haber sido la noche en la que le pudiese contar su secreto. Ese momento de su vida que muchas veces quiso borrar completamente de su existencia.

“¿Qué ocurre?”

“No lo sé”

“Yo sé que lo sabes. Estás distinta hoy”

“Si… puede ser; Hace un tiempo que quiero contarte algo” – Por la cabeza de Él pasaron terribles pensamientos. Infidelidad; embarazo; ETS. Miedos que muchas veces habían aflorado en su mente, pero que por miedo al rechazo de su amada nunca salieron de sus labios.

“¿Qué es?”

“Me da miedo”

“Por favor… yo nunca te voy a dejar sola. Hayas hecho lo que hayas hecho. Seas quien seas. Te amo y eso es lo único que importa.”

El trató de besarla otra vez, sin éxito. Era horrible para ambos. Hubiera dado cualquier cosa por saber que pensaba . Se le vinieron a la mente pasajes de la película “Twilight”, y por primera vez supo cómo se sentía el vampiro.

“Dime, ¿tú crees en la magia?”

“¿A qué viene eso?”

“Solo dime”

“No sé. Una vez alguien trató de embrujarme, creo que te conté esa historia. La pasé terrible, y me juré a mi mismo nunca más estar con alguien que hiciera esas estupideces”

“Si, lo sabía…”

“¿Me vas a decir qué ocurre?”

“Lo hice”

“¿Ah?”

“Yo… traté de hacerlo… y… creo que tuve éxito”

Las imágenes de aquella noche corrían por su cabeza como una película. El sofá de tapiz beige en el que estaban sentadas ella y sus dos mejores amigas. La euforia silente provocada por los pitos de marihuana recién fumados, y el constante intento de callar a los demás: Todos menos esas tres almas perdidas dormían aquella noche.

-¿Alguna de ustedes cree en la magia?, yo igual soy como medio bruja para mis cosas, y me han funcionado…

-¿En serio?, yo nunca lo he pensado. Se podría decir que conozco gente que conoce gente que se ha metido en ese tipo de cosas, pero nunca un caso cercano; ¿Algún hechizo para alegrar la vida?
Reían.

-En realidad, ahora que lo pienso, tengo uno para atraer a la persona que quieres y atarla a ti. –Una sonrisa maliciosa se deslizó por sus labios. –Después de todo, no van a creer que he estado con Joaquín este tiempo por nada, ¿o sí?

-¡Mentira!

-Miren, tienen que anotar el nombre de la persona al revés en un cigarro, y fumarlo mientras le insultan a más no poder. Obviamente, tienen que decirle cosas como “vas a estar conmigo hijo de perra”.

Todas tomaron un cigarro y comenzaron a escribirlo. Ante cada insulto que pasaba, por lo menos un intento de risa ocurría…

En realidad, el único nombre que las tres conocían de aquel embrujo fue “Miguel Carrasco Y.”, el mismo hombre que Adelaida estaba evitando besar.

“Tú, entre todas las mujeres, entre todas las personas de este mundo, tenías que ser tan patética como para hacer una estupidez así. No tengo palabras para describir cuanta desconfianza siento ahora. No sé si es en mi mismo. Si alguna fuerza cósmica me hizo amarte todos estos años, o si en realidad fuiste tú quien me enamoró. Es divertido. Quizás no necesitabas más que un empuje de confianza como ese asqueroso cigarrillo, pero de cualquier manera, lo hiciste. Yo nunca rompo una promesa, y tú me dijiste que eso era lo que más te gustaba de mi. Sufre por ese amor Adelaida, porque yo no voy a romper una promesa conmigo mismo.”

Miguel se había ido con tan solo esa carta como despedida. La noche anterior, mientras ella le contaba la historia, el no había dicho nada, yéndose a dormir con un brillo de rabia en los ojos.

Abrió su cajón y comenzó a fumar un cigarrillo, no sin antes escribir un nombre en el…

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