Al llegar de la escuela, su madre estaba sentada en el comedor, con la vista pegada a un crucigrama. Ninguno de los dos se saludó. Fue directamente a la cocina a calentar el plato de comida que se encontraba sobre el horno. Cuando estuvo listo, se sentó en la mesa del comedor, frente a su madre, y se puso a comer.
-¿Cómo te fue en el colegio?
Suspiró. De la mochila que yacía a sus pies sacó una papeleta de color azul, y sin hablar se la entregó. Tras leer el informe, ella lo miró.
-¿Sabes lo orgullosa que estoy de ti, cierto? Sé que no lo digo siempre, pero…
-Mamá, en serio, ya lo sé…
Ella hizo ademán de levantarse para ir a abrazarlo, pero se lo pensó mejor. En lugar de eso, se acomodó mientras su hijo comía, y dejó la papeleta entre ellos. Se quedó mirando fijamente al chico.
No era alto, pero sí tenía una altura mayor a la mayoría de los chicos de su edad. Su pelo rubio se levantaba, rebelde, sobre su cabeza. Al darse cuenta de que lo estaban observando, levantó sus ojos verdes y miró a su madre de manera interrogante.
Ninguno de los dos dijo nada. Esta vez ella estaba a punto de levantarse. Todo su cuerpo le decía: “levántate. Levántate, ve y abrázalo”, pero algo la detenía. Aquellos ojos fijos en los suyos formaban una especie de imán que la mantenía pegada a aquella silla. Aquella pureza hipnotizante reprimía todos sus pensamientos. Aquellos ojos…
Todo desapareció.
Se vieron envueltos en un espacio vacío. En su mente, ella se vió separada completamente de Él. Todo se desvanecía, cada recuerdo, cada rabieta, cada momento, cada sonrisa, cada lágrima. Todo. No había nada que se salvase de aquella fuerza destructora…
Pero Él seguía ahí. Él seguía mirándola con aquellos ojos verdes, fijamente. Tenía su mente en blanco, sin darse cuenta de que aquel vacío que había en su cabeza los rodeaba a ambos ahora. Él seguía mirándola a los ojos, fijamente…
Quiero gritar. En serio, déjame gritar. Déjame irme. ¿Qué quieres?, ¿por qué me miras? Por favor, déjame en paz. Vamos, no me castigues. Es verdad, estoy orgullosa de ti, ¿crees que miento?, ¿acaso crees que le mentiría a mi propio hijo?, No, eso no, no me muestres eso, por favor, te lo ruego…
Pero ya era tarde. Las imágenes del parto corrían como una película en su cabeza. Recordó todo aquel dolor, el pánico, el odio contra aquello que la hacía sufrir tanto, y finalmente, el alivio. El alivio de expulsarlo todo. Sus temores, sus recuerdos, sus tristezas, su alegría, su odio, su orgullo, su opinión, su vacío, su todo..
La placenta se encontraba en un cuenco metálico sobre el suelo, y Él estaba siendo lavado. Cuando ví aquella materia grisácea pensé en cuanto le debía. Gracias a ella, aquel inocente ser había sobrevivido. Aquel despojo de mi cuerpo había sido hace algunas horas el corazón, cerebro, estómago, hígado, ojos, pies, manos, boca de aquel ser. Por un segundo sentí ganas de besarla. De hacerle saber cuan agradecida estaba, de cuan… No, esperen. ¿Dónde lo llevan?, señorita enfermera, ¿Dónde llevan a mi hijo?, ¿qué es esto?, ¿por qué tira a mi hijo al basurero?, ¿qué es este bulto que ponen en mis brazos?...
En serio, deja de mirarla. Deja de mirar a esa cosa y mírame a mí, mírame a mí que soy lo más bello del mundo, dije ¡mírame!, hazlo ahora o te juro que te vas a arrepentir. No, si no lo decía en serio, no llores. ¿O acaso no es que lloras por como te grité?, ¿no estarás llorando por esa cosa sucia y fea cierto?, porque esa cosa ya está en la basura. Si lloras por las cosas que están en la basura te va a pasar algo malo, porque no se puede llorar por las cosas que están en la basura. Eso, deja de llorar Eso, así. Ahora mírame. Sí mami, mírame, soy tu hijo. Ese que te dolió tanto parir, ese mismo. No soy ese por el que acabas de llorar, porque ese no es un hijo mami, ese es una cosa. Pero yo no soy una cosa. Yo sí soy un hijo, y por eso tienes que mirarme. Eso, mírame. Bien. Ahora me voy a reír y tú vas a estar feliz por eso. ¿Acaso esas son lágrimas mami? No llores… no. No llores, en serio, mírame. Yo estoy feliz por estar aquí contigo, mírame que me estoy riendo, mami ríete conmigo, no, no llores, mami estás llorando y yo te dije que te rieras. ¿Acaso no sabes reírte?, ¿Cómo puedes ser tan estúpida? Yo no quiero una mami estúpida, yo quiero una mami que se sepa reir, así que ríete conmigo. A la una, a las dos y a las… ¡tres!, ya pues, ríete vieja de mierda, o por lo menos deja de llorar. ¡Cállate vieja estúpida!, te dije que te calles… ¡Cállate!
Este bulto que tengo en mis brazos… ¿Cómo pudiste hacerme esto? Esos ojos… ¿por qué verdes? Tu padre no los tiene verdes. Ni tu padre ni yo. ¿Entonces quien? Tu papá no sabe de que color son los de sus padres, ¿Cómo va a saberlo si es huacho?, pero yo sé que ninguno de mis papás tiene los ojos como tú. Tampoco los tatas porque igual si uno de los tatas hubiese tenido los ojos verdes habríamos sido o yo o uno de mis hermanos los de los ojos. Entonces debieron haber sido los papás de mis tatas, porque yo me acuerdo que el tío Julián tenía los ojos verdes. El tío Julián, que bueno que se murió. Puta, tus ojos me acuerdan a él. ¿por qué naciste con esos ojos? Verdes, tenían que ser verdes, tenían que ser los del Julián. Tu no eres mi hijo. Tú eres hijo del Julián. Puedo haberte parido yo pero yo no soy tu mamá, ¿entendiste? Tu mamá es cualquier puta con la que se haya metido el Julián, cualquiera de esas putas menos yo. Porque yo también fui una de sus putas, pero no puedo ser tu mamá porque a mi el Julián no me pudo dejar embarazada. A esa edad, nadie me podía dejar embarazada, así que yo no puedo ser tu mamá, pero el Julián si es tu papá, porque tienes los mismos ojos. Que lástima que tu papá esté muerto cuando recién llegas al mundo, pero así es la vida. Eso es lo que quiso Diosito para ti, y como somos sus hijos, tenemos que obedecerlo. Pero tú no eres hijo de nadie, porque tu mamá nadie sabe quien es y tu papá está muerto. ¿Entonces es Diosito el que está muerto? Es que no se puede decir que alguien está vivo si no se le puede ver, pero Diosito no se puede morir, osino el diablo sería el rey del mundo o algo así. No, Diosito no se ha muerto, Diosito no se puede morir, eso es lo que dice la Biblia. Es tu papá Julián el que está muerto. Es el papá Julián, no tu papa Diosito. Y como tu papá Diosito me quiere, me dio la alegría de que tu papá Julián estuviese muerto para cuando tú nacieras. Y por eso yo le hago caso y te voy a cuidar. Te voy a cuidar como si fueras mi hijo, pero no por ti, porque tus ojos me acuerdan a los del Julián, sino que lo voy a hacer porque le tengo que dar gracias a Diosito por hacer que el Julián estuviese muerto…
¿Tuviste suficiente castigo mami?, ¿entendiste que es lo que va a pasar si no te ríes?, ¿si no estás feliz de que yo halla nacido? Quiéreme mami, quiéreme. O sinó te voy a hacer acordarte de cosas malas mami, así que tienes que estar feliz. Y no tienes que llorar por lo que se va a la basura mami, porque sinó te voy a hacer acordarte de cosas malas. Pero yo no soy malo mami, yo hago esto solamente porque te quiero y quiero que me quieras mami, porque si no me quieres te voy a hacer algo peor que hacer que te acuerdes de cosas malas con mis ojitos. Si no me quieres te voy a hacer vivir esas cosas malas. Y yo sé cuales son esas cosas malas mami, porque yo estuve adentro de ti, ahí adentro, ahí mismo donde te estás tocando, sí, ahí. ¿Ves que tengo que hacer que te acuerdes de cuando yo nací para que sepas de donde vengo? ¿para que te des cuanta de que en realidad no soy más que esa masa asquerosa por la que lloraste tanto ese día?, Porque tenías razón e lo que pensabas mami, Cuando tu hijo nació cayó en un cuenco de metal y fue tirado a la basura, mientras que yo, la placenta, fui limpiada y tratada como un niño por los médicos… soy algo tuyo mami, y me tienes que querer como sea. Si soy una placenta me quieres. Si soy un niño me quieres. Si soy el hijo del tío Julián me quieres, o sino mami, si no me quieres, te vas a acordar de cosas malas…
¿Entendiste mamá?, ¿ahora lo entendiste todo?, me importa un carajo que estés orgullosa de mí. Lo que yo quiero es que me quieras, aunque yo sea esa maldita placenta que tanto te hace sufrir, aunque sea tu hijo, aunque sea solamente un par de ojos verdes hipnotizantes que te hacen vivir tus más terribles pesadillas, quiero que me quieras mamá. Pero necesito que me lo demuestres, porque yo soy solo ojos. Yo no siento el calor de un abrazo, ni el olor de la comida recién hecha, menos su sabor. Ni siquiera puedo escuchar directamente un “te quiero”, así que me los tienes que mostrar para que pueda verlo. Quiero que sonrías mamá, quiero ver tus labios torcidos hacia arriba, como debería ser siempre, porque tú mamá, deberías estar feliz por mi porque existo, no tienes que estar orgullosa por nada más que eso mamá, tan solo una sonrisa, solo una sonrisa…
Volvieron a aquel perdido living de un insignificante edificio de Santiago Centro. Ella aún no podía despegar la vista de aquella profunda mirada, pero lentamente, sus labios se fueron torciendo, formando algo que se podría llamar sonrisa…
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