-Quizás no es como tu lo dices... quizás todo lo que te he contado es una mentira.
El la miró a los ojos, como si estuviese buscando una explicación para aquella frase.
Iban caminando por la calle Manuel Montt hacia abajo, tan solo por el placer de caminar. No eran novios, tampoco amigos. Eran simplemente dos desconocidos que coincidían de paradero.
-Quizás no sea una artista, ¿qué sabes tú?, ni siquiera me conoces. Solo te he contado unas cuantas cosas de mi vida. Quizás ni siquiera ame la escritura, y tan solo la lo haga para liberar tensión. Quizás mis padres estén muertos y yo viva sola en una ocupa, y para estudiar tenga que prostituirme o algo así. Quizás tome las cosas que escribo de internet y les ponga mi nombre. Quizás yo solo sea...
No pudo terminar la frase. Antes de saberlo, los labios de él estaban sobre los suyos. Por un momento pasó por su cabeza la idea de corresponder el beso. Por un momento, pensó en abrazarlo y sentir amor por primera vez en su vida. Por un segundo...
Violentamente, corrió su cara y echó a correr.
A la mañana siguiente, un grito desgarró la tranquilidad matutina del barrio Providencia.
No había podido soportar a la imagen del cuerpo de la chica colgando de la corniza que había sobre la ventana. Con una delicada sonrisa se despedía del lugar que la vió vivir, y con la misma delicada sonrisa decía adiós a la mujer que ahora contemplaba el cuerpo. Sobre su mano, a punto de caer, yacía un papel que solo rezaba la palabra “mentira...”
Se largó a llorar
-Ella... ella lo sabía...
Para la tarde, ya no habían retazos de vida en aquel departamento.
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miércoles, 4 de noviembre de 2009
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