Bibliotheque

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“Pum… pum… pum…. Pum… pum… pum… pum… pum… ¡trash!”
“Ese venía atrasado”, pensó Raquel mientras acomodaba el pequeño volumen amarillo sobre la pila correspondiente.
“Pum… pum… pum… pum…”
Si bien la monotonía del sonido del timbre era suficiente para sacar de quicio a una mujer tan impaciente como ella, la perspectiva de las siete de la tarde – su hora de salida-, y la imagen de la pila de libros cada vez más péquela resultaban alentadoras.
“Pum… pum… pum…”
Las letras, el arte al que quise dedicarme, el centro de mi vida. Cada segundo manipulo una peligrosa bomba imposible de desactivar, llena de ideas más peligrosas aún, y sin embargo las presto, como si fueran nada, como si fueran una basura cualquiera. Es mi trabajo a fin de cuentas, pero si quiera pensar en cuántas vidas puedo arruinar me asusta. La visión de un pequeño niño leyendo a Nietzsche, llenando su cabeza con certezas horribles, tenebrosos fantasmas capaces de llevarlo al mismísimo suicidio. ¿Pero qué ocurre con aquellas personas cuyas vidas mejoro?, No las cuento. No me importan, ni a mí ni a nadie.
“¡Trash!”
Otro atraso. Cuanta irresponsabilidad. Al día son como veinte personas las que llegan, pidiendo que les perdone su deuda, que se olvidaron de la fecha de entrega (como si acaso no me encargara de escribirla, personalmente, en aquella pequeña tarjeta del final del libro), sin contar las personas que, con todo el descaro del mundo, se atreven a dejar el libro en el buzón de entrega. Casos graves de faltas de respeto, no a mí, sino al artista que está detrás de esta bomba. Arte. Arte. Arte. Arte. Arte. Arte.
“Pum… pum… pum… pum…”
Arte. Arte. Arte. Los delicados trazos de la pluma del creador, aquel que tiene el valor suficiente de ser un Dios, de hacerse responsable de todo un universo compuesto tan solo por letras. ¿Seremos nosotros también el resultado de horas frente a un papel en blanco, y los dioses que alabamos, tan solo escritores? ¿Seremos tan solo una parte de la novela más grande jamás escrita en nuestro universo?
“Pum…”
Estoy agotada. A-GO-TA-DA. Ya viene a ser hora de cerrar. Ya va a ser la hora y aquella panda de jóvenes no se va. ¿Qué hacen?, creo que juegan. Tienen dados y todo. Una biblioteca no es lugar para jugar. Pero faltan figuras, tablero… Bueno, quizás que estarán haciendo. Todo lo que sé es que los voy a tener que ir a echar, y van a verse obligados a seguir con su cosa en la casa de alguno de ellos, mientras yo plácidamente estaré sentada en mi sofá de terciopelo verde, leyendo un libro. Ese era el último. Las siete y cinco minutos. Será mejor que los eche…
Lentamente, Raquel se levantó y se acercó a la mesa de los jóvenes. Pensamientos aleatorios cortaban la tranquilidad de su cabeza, mientras sus ojos examinaban los libros en sus manos
-Chicos, es hora de irse
-Entonces, con dos éxitos y un crítico, tu personaje
-¿No me escuchan?, es hora de irse. Voy a cerrar
-Y… cinco puntos extra.
¿Qué ocurre?, por qué no me… jovenzuelos insolentes
-¡ES. HORA. DE. IRSE!
-Ya, mi personaje se dirige sigilosamente hacia el callejón…
-¡VÁYANSE!
-Chicos, no quiero ser mala onda, pero… ya nos tenemos que ir. Van a cerrar.
“¿Qué?”
-Si, vamos. Si quieren yo pongo la casa…
-Me apunto.
-¿Vamos?
“¿Qué?”

Los jóvenes recogieron todos sus utensilios, dados, libros, cuadernos, lápices, y los guardaron en sus mochilas. Acto seguido, pasaron a través de Raquel, como si nada. Al abandonar la biblioteca, uno de ellos, al parecer el mayor, exclamó:
-Al final parece que era mentira. Se suponía que en esta biblioteca habían fantasmas…

1 comentarios:

Lord Faerigan dijo...

me gustó la historia, la idea, todo. xD

Pero el final... mm... no sé, siento que podrías pulir mejor la reacción de todos ^^

a por el siguiente xD

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